LA EDUCACIÓN IMPOSIBLE.

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Por Efraín Flores Maldonado.
Doctor en Ciencias de la Educación.

En 1973 se publicó en Francia, un extraordinario libro con el título del presente artículo con la participación de diversos pedagogos e intelectuales europeos coordinados por Maud Mannoni, quien fue una psicoanalista nacida en Bélgica el 23 de octubre de 1923 y desarrollada profesionalmente en Francia.

En su texto “La Educación imposible” se asegura que “no puede abordarse nada en el campo de la enseñanza, sino se empieza poniendo radicalmente en tela de juicio, el monopolio pedagógico y administrativo”.

Porque tal actitud institucionalizada, generalizada y sujeta a normas que deben cumplirse “están al servicio de la jerarquía, lo que no quiere decir, al servicio de la colectividad”.

Para la autora, la pirámide debe invertirse para “reforzar al máximo el espíritu colectivo y reducir al mínimo la jerarquía administrativa… y política” que predomina como elemento de control y dominación en todo sistema de gobierno.

Para Mannoni, la práctica escolar debe ser fundacional, institucional, conservadora de lo esencialmente útil y trasformadora de toda realidad educativa, social y política injusta.

En el fondo, según el texto, debe prevalecer en el horizonte humano “el amor por el deber”.

Procurar siempre que la construcción del conocimiento escolar, tenga su fuente en la libertad participativa de los educandos para encontrar respuestas y generar conocimientos significativos a partir de los ideales e intereses íntimos de los alumnos.

En las instituciones educativas debe prevalecer siempre la idea y el propósito de que lo difícil y complejo, puede germinar en una potencial “floración imaginaria”.

Lo que actualmente no hace el sistema educativo, lo que todavía hoy es imposible en la vida escolar, es propiciar y admitir la justa rebeldía de los alumnos; su libertad para opinar, estar en contra, renunciar y denunciar insuficiencias y vicios de la exposición docente.

Sin libertad, la educación verdadera y creativa, seguirá siendo imposible para evitar que “subsistan nocivos automatismos”.

De esta manera, lo cotidiano, repetitivo, memorizador, está corriendo el riesgo de mantener la educación como una “empresa de destrucción” de inteligencias y talentos en esperanzada germinación.

La educación imposible se caracteriza porque obliga a callar y se niega a conceder la palabra, donde muere el pensamiento infantil crítico y agrega visionariamente que en esa educación imposible… o inservible “el niño se encuentra atrapado entre la seducción del maestro y el castigo como método educativo, tanto en su familia como en la escuela”.

En síntesis, lo que la autora propone con urgencia es que las escuelas se conviertan en el espacio natural de la libertad creativa, de la duda activa y de la preparación para adquirir y desarrollar competencias sociales, solidarias que los preparen para vivir y transformar realidades indeseables.

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